Cada persona es diferente, no a todos nos asustan las mismas cosas y nuestros temores pueden variar a lo largo de la vida; como por ejemplo, en situaciones arriesgadas o peligrosas lo que nos da miedo es morir, en otras nos da miedo no llegar a alcanzar esa meta que nos proponemos o tenemos miedo de no llegar a hacer suficientemente feliz a una persona...
En cambio, cuando todo nos va bien, las preocupaciones de antaño se olvidan, pasan como quién dice a un segundo plano, y ¿por qué? Pues sencillamente porque todo está en nuestro cerebro, que es, algunas veces, nuestro peor enemigo, nos puede hacer ver las cosas de manera diferente a como son, obligándonos a sufrir (por así decirlo..) por tonterías que no tienen ni un mínimo de importancia y sobre todo, desplazando a un rinconcito casi inaccesible de nuestra memoria dónde guarda todo lo bueno, todo lo que en otros momentos nos ayudó a avanzar en la vida y a mirar al frente con la cabeza bien alta sabiendo que nosotros podíamos con todo eso y más.
Cuando eres joven normalmente el "miedo a morir" es mínimo, porque piensas que tienes toda la vida por delante y la verdad, yo misma puedo decir que no tengo miedo a morir, quizá sí a no llegar a vivir todo lo que quiero ni a pasar por todos los buenos momentos de una vida, pero todo pasa por algo y los baches son solamente eso, pequeñas hendiduras en el camino que hacen que una etapa tenga que ser más costosa y más lenta, pero que finalmente será superada como todas las demás.
Y una vez más, dejándoos mis rayadas aquí, me despido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario