domingo, 12 de septiembre de 2010

En cuanto se volvió a quedar sola en la habitación, cogió el ordenador y continuó hablando con él, pero unos segundos más tarde ya no era capaz de leer lo que él escribía, ya tenía los ojos empañados en lágrimas que no tardaron en recorrer sus mejillas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario